Vigila tu sombra, nunca sabes quien puede volver a buscarte. - Zero.

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martes, 3 de mayo de 2011

Cap 19 - Desvelado

Despues de mucho sin actualizar, incluso habiendo pensado en cancelar la novela vuelvo con un capitulo nuevo y con la posibilidad de seguir hasta el final de nuevo. Este capitulo se lo dedico a Lolita, que es la persona que me ha animado a seguir gracias a lo fan que es de El Gremio. Espero que te guste preciosa mia :3

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Pasaron dos semanas las cuales Romeo no salio de su habitación para nada. Cild le subía la comida, no le gustaba esa situación pero comprendía como se sentía y no quería presionarlo más de lo necesario. Pero no todos estaban dispuestos a ser tan comprensivos. Noa y Alfa comenzaban a sospechar que algo no andaba bien, y Zero por su parte comenzaba a impacientarse, había esperado todo ese tiempo por que Cild se lo pidió y Anima la apoyo pero ya se había cansado.


- Deberíamos ir a verle... - Dijo Noa mientras se apoyaba en una de las columnas del porche de la casa.

- Cild a dicho que esta bien – Sentenció Jin.

- Pero no es normal que este tanto tiempo encerrado... Ya estuvo dos años... no es sano...

- Déjalo Noa – Comenzó Alfa poniéndose en pie – Vamos a verle y ya esta.

- Pero Cild dijo... - Intento razonar Jin.

- Pero nada, Romeo es amigo nuestro y no vamos a esperar más.

Y dicho esto Alfa entro en la casa, seguido por Noa. Jin se limito a suspirar pesadamente mientras los miraba.


Por su parte Romeo estaba hablando con Cild en su habitación.

- ¿Lo has entendido?

- … Creo que si..

- ¿Seguro?

- Que si

- Vale, inténtalo.

Romeo se puso en pie, extendió ambas manos y comenzó a susurrar una serie de palabras indefinibles. Una leve luz comenzó a surgir de sus dedos. Sin perder la concentración alzo una de sus manos he intentó hacer un circulo con el dedo índice extendido rápidamente pero la luz se extinguió antes de poder hacer la mitad.

- ¡Mal! - Grito Cild – Así nunca podrás hacer aparecer a Eisen a tu lado si no estáis juntos.

“Eso ya lo sé” Pensó Romeo mientras intentaba concentrarse de nuevo. Eisen les miraba desde la cama, para no aburrirse estaba intentando hacerse una trenza a si misma, sin mucho éxito. Cuando Romeo estaba apunto de conseguir completar el circulo unos golpes en la puerta lo desconcentraron.

- ¿Romeo? ¿Estas ahí?

- … S-si... - Dijo Romeo sin pensar.

- ¿Que dices? - Le dijo Cild sin salir de su asombro.

Antes de que Romeo o Eisen pudieran reaccionar Alfa abrió la puerta de par en par. Tras de él entró Noa y ambos se quedaron en la puerta mirando a Eisen.

- … ¿... Qui-quien es?... - Dijo Noa en un tono casi inaudible. Al mirar a Romeo pudo ver su ojo -¿Que te ha pasado?

Romeo se quedo petrificado. No sabia que decir ni que hacer. Alfa estaba visiblemente incomodo después de entender lo que pasaba, pero Noa aun no salia de su asombro.

- Ella...- Intento decir Romeo - … se llama Eisen... y es...

- Un demonio – Dijo Alfa muy serio.

Romeo se limito a asentir.

- Tuyo, claro. - Continuó.

Volvió a asentir.

Alfa se paso ambas manos por la cara hasta llegar a la nuca, arrastrando su cabello a su paso mientras cogía aire.

- Puedo... explicarlo...

- No tienes que explicar nada, Zero doy por hecho que lo sabe... Podrías habérnoslo contado, seguro que has estado así de raro por esto todo este tiempo.

Noa al comprender la situación se quedo muda y no volvió a decir nada. Alfa cogió a Noa del brazo y se marcharon sin pronunciar palabra.

Cild miro a Romeo y dijo:

- Algún día se tenían que enterar...

- Alfa tiene razón... Debería habérselo dicho yo... y no que se enteraran así...

Eisen se acerco hasta él y le abrazo por la espalda.

- No estés triste amito.


Mientras Zero observaba la situación desde su habitación. Anoto las reacciones en su ordenador y después se acomodo en su sillón mientras tomaba su bebida.

- Son bastante predecibles... ¿No crees, Anima?

Solo asintió a su espalda, pero Zero sabia perfectamente que había hecho eso. A través de una de las pantallas apagadas veía el reflejo de ella. Aun le costaba creer que aquella chica de aspecto tan joven e indefenso hubiera llegado tan lejos hace unos años hasta alcanzar la fama que tenia en la actualidad.
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lunes, 14 de febrero de 2011

Cap 18 - Parche

El sol entraba por la ventana entreabierta bañando con su luz toda la estancia. Después de unas cuantas vueltas en la cama Romeo se levantó lentamente. Pasó ambas manos por su cara y miro la cama, Eisen seguía dormida, parecía un angelito con ese pelo color plata tan largo y esponjoso. Caminó hasta el espejo y lo que vio en el espejo le asustó tanto que no pudo contener un grito que despertó de sopetón a Eisen.

- ¿Que pasa amito? - Preguntó mientras iba hasta él.


- ¡¿Que es esto?! - Le preguntó Romeo mientras le señalaba su ojo izquierdo, el cual ahora era como el de Eisen.

- ¿El que?

- ¡Mi ojo!

- Ah, eso es normal amito, es una muestra de que tienes un contrato conmigo – Dijo tan alegre y campante como siempre. - Cild también lo tiene.

- … Cierto.

Romeo no recordaba eso, comenzó a dar vueltas por la habitación nervioso, ni siquiera reparó en que el grito que había hecho podría haber despertado a alguien. Continuo dando vueltas hasta que Eisen le interrumpió.

- Viene alguien

Romeo rápidamente la cogió y la metió en el armario.

- Ahora tienes que estar en total silencio, ¿de acuerdo?

Eisen volvió a taparse la boca y asintió.

- Buena chica – Y cerro el armario.

Fue hacia la puerta y gracias a que pasó primero por el espejo recordó el ojo demoniaco que nadie debía verle. Nervioso fue por la habitación buscando algo con lo que taparse, después de remover todos sus cajones cogió una toalla y se cubrió la cara. Cada vez se oían los pasos sobre la madera del pasillo mas cercanos hasta que Noa abrió la puerta.

- ¡Buenos días Rom-...!... - Quedo perpleja al verle con la cara tapada - ¿Se puede saber que haces?

- Esto... Me estaba secando la cara.

- Ah, vale. Bueno, el desayuno esta en la mesa, ¡Baja cuando puedas! - Y dicho esto se fue, cerrando la puerta tras de si.

Romeo suspiro y se tumbo en la cama, esto iba a ser más difícil de lo que pensaba. Después de pensarlo durante un rato se levanto y con la toalla aun tapándole media cara salio de su habitación y se metió en la de Cild sin ni siquiera llamar a la puerta antes.

- Necesito tu ayuda... - dijo al cerrar la puerta – yo...

Había entrado tan rápido en la habitación que no se había dado cuenta de Cild estaba desnuda. Se quedo de piedra mientras Cild con la cara desencajada se acercaba a él con la clara intención de pegar a Romeo. Él al alejarse instintivamente la toalla se cayó de su cara, dejando al descubierto su ojo demoniaco. Cild paro en seco, se volvió a hacia su cama y se puso una bata para taparse.

- Si que te ha salido rápido el ojo... A mi me tardo una semana, será porque Eisen es un demonio más acostumbrado a tratar con humanos que Henar...

- Lo siento... yo no pretendía...

Cild se sentó en su cama y suspiro.

- No importa, estabas asustado, lo entiendo. Ayer no te conté nada del ojo porque esperaba que tardara más... ¿Y Eisen?

- … Escondida en mi armario.

- … Abusas mucho de ella... Vaya amo le ha tocado.

- ¡¿que quieres que le diga si no?! ¿ve a desayunar con tita Noa, que te espera abajo?

- Podrías empezar por confesar que ahora eres un brujo y te ahorrarías todas estas tonterías.

Romeo enmudeció ante aquella verdad, todo seria más fácil si lo contaba pero se arriesgaba a que Zero le expulsara del gremio, en estos dos años Zero solo le había hecho llamar para cosas relacionadas con LasterKha... Además le daba reparo decirlo después de defender a capa y espada que ser brujo era inmoral...

- Se enteraran tarde o temprano... No puedes tener a Eisen en el armario para siempre, además que querías ser brujo para poder afrontar las misiones, ¿de que te sirve ser brujo si no vas a usar el poder que se te ha ofrecido?

- Tienes razón... pero, no te ofendas, me doy asco a mi mismo con este ojo... Odio mirarlo, es la muestra de que he fallado como mago y me he rendido...

Cild le miro fijamente mientras hablaba, cuando Romeo termino de lamentarse Cild suspiro pesadamente y se puso en pie. Camino hasta su mesa y de un cajón saco un parche de cuero negro. Fue hasta él con el parche en la mano y se lo tendió.

- Usalo, yo lo usaba al principio cuando no admitía mi condición. Te ayudara. Pero debes decirle a Zero lo que pasa.

Romeo miro a Cild intentando sonreír sin éxito, cogió el parche y, muy decidido, contesto:

- Esta bien... Por cierto, ayer Eisen de repente se sintió mal pero se le paso enseguida, ¿porque puede ser?

- ¿Se sintió mal? No lo se, ¿le diste algo de comer?

- No.

- Pues no se... Explicame bien la situación.

- Veamos... Me metí en la cama y note como ella también lo hacia, entonces invoque unas llamas para dar luz a la estancia y entonces-

- ¿Invocaste unas llamas?

- Si claro, te recuerdo que se hacer magia... ¿A que viene esa pregunta?

- ¿Pero tu eres tonto? ¡Podrías haberla matado!

- ¿Como? - Romeo se sobresaltó.

- Eisen en este plano material solo puede vivir si bebe de tu energía mágica, si la desvías para usarla tu es como si la asfixiaras.

- ¿Y cuando pensabas decírmelo?

- No creí que hubiera necesidad, es bastante obvio que algo tendrás que darle tu para que pueda estar en este plano, si no lo necesitara estaríamos rodeados de demonios, idiota.

- … Tienes razón... He sido un estúpido...

- Anda vete a vestir y deja que yo también lo haga...

Romeo aun no se había dado cuenta de que seguía en pijama. Volvió a su habitación, se vistió y saco a Eisen del armario. Se coloco frente al espejo y se puso el parche.

- ¿Porque te pones un parche? ¿Te duele el ojo? - Preguntó Eisen.

- … Un poco. Bueno vamos a ver a Zero.

- ¿Quien es Zero?

- Por decirlo de alguna forma es mi jefe – Contestó con una sonrisa forzada.

Cuando se aseguro que todo el mundo estaba abajo comiendo salio de su habitación con Eisen en brazos y subió al tercer piso. Cuando estuvo apunto de llamar a la puerta Anima le abrió.

- Ya era hora de que pasaras por aquí.

Romeo no estaba seguro si debía sorprenderse o no, al fin y al cabo Zero tenia cámaras por todas partes y seguramente en su cuarto también. Cuando entro en la habitación Anima cerro la puerta.

- Has tardado mucho en decidirte Romeo, menos mal que Cild te ha convencido. - Dijo Zero mientras miraba imágenes en las muchas pantallas que tenia.

Romeo se quedo atónito, si sabia eso es porque también habían cámaras en las habitaciones. Era verdad que el líder de Otherland no se fiaba ni de su sombra.

- Bueno – Comenzó Zero mientras se levantaba y andaba hacia ellos - ¿No nos vas a presentar?

- … Si, claro... Eisen este es Zero... Zero ella es Eisen... es un demonio menor...
Eisen no podía dejar de mirar a Zero con una mezcla de curiosidad y miedo, podía notar sus ansias de poder y eso la estremecía. Anima como siempre no dijo nada, se quedo apoyada en la pared de siempre contemplando la escena.
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martes, 8 de febrero de 2011

Cap 17 - Niñera

Cild estaba sentada en una roca observando a Romeo y Eisen. Ya era muy entrada la noche y comenzaba a hacer bastante frio pero Romeo no parecía darse cuenta de ello, estaba demasiado concentrado en su nueva “amiga”. Pasada la emoción inicial Eisen y Romeo se habían sentado en el suelo, uno frente al otro observándose con detenimiento.

- Entonces... - Comenzó a decir Romeo sin poder dejar de mirar los hipnóticos ojos color plata de Eisen - … eres un demonio, ¿no?

- Pero que preguntas más tontas hace... - Pensó Cild.

- ¡Si! ¡Soy un demonio menor! ¡Y tengo …. uh... - miró sus deditos y comenzó a contar en voz alta - …. esto.... mil treinta y dos añitos!

- ¡¿Añitos?! - Dijo Romeo francamente sorprendido. - Y... ¿que sabes hacer?

- ¿Eh?

- No le preguntes eso. Sea lo que sea que sabe hacer no sabrá decírtelo, pues en su mundo es normal. Es como si yo te preguntara que sabes hacer.

- Te diría que magia...

- Pero por que hacer magia no es algo común, ¿si no supieras hacer magia que me dirías que sabes hacer?

- … Vale, lo entiendo.

Eisen se quedo mirando a ambos con gesto de no entender nada.

- Bueno, volvamos a casa – Dijo Cild mientras se levantaba y retiraba el polvo de su capa.

- Vale – Contesto Romeo.

Romeo se levanto y él y Cild comenzaron a caminar hacia Otherland. Llevaban unos pocos pasos cuando se dieron cuenta de que Eisen les seguía. Romeo paro y se giro hacia ella.

- ¿Que haces aquí?

- ¡Yo voy con amito!

- Eh... Cild, ¿por que no se va?

- A lo mejor por que no se lo has pedido.

- ¿Y como se lo pido? ¿Vete por favor?

- Por ejemplo.

- Eisen, Vete por favor.

Eisen le miro fijamente y respondió:

- No.

- ¿Como que no? - Romeo estaba muy confuso. Henar nunca se había negado a marcharse.

- Yo voy con amito a casa, no vuelvo al infierno sola, no, no y no – Contestó Eisen con rotundidad.

Romeo miró a Cild desconcertado.

- A mi no me mires... ¿A que no lo pensaste cuando hiciste el pacto?

- …. ¿había que hacerlo?

- … Si... idiota.

- Aja... - Dijo Romeo mientras miraba a Eisen.

- ¡Amitooo! - Grito Eisen mientras subía a la espalda de Romeo – Vamos a casa.

- ¿Y ahora que hago? - Preguntó a Cild.

- A mi no me mires, tu te lo has buscado. - Y continuo andando.

Romeo suspiro, agarro fuerte a Eisen y siguió a Cild.


Antes de que Cild y Romeo volvieran a Otherland, Noa y Alfa llegaron visiblemente cansados, pasaron entre los que se habían dormido por el suelo del salón hasta las escaleras. Fueron hasta sus habitaciones cuando Noa se paro frente la de Romeo.

- ¿Que haces Noa? - Le pregunto Alfa después de bostezar.

- Quiero darle el regalo a Romeo.

- Esperate a mañana...

- Pero...

- Mañana Noa.

- Vaaaleee... - Dijo Noa un poco molesta.

Ambos se fueron a dormir sin percatarse que aun que Noa hubiera llamado a la puerta no habría hallado respuesta. El silencio volvió a envolver la casa de Otherland, la fría brisa de la noche entraba por las rendijas de la puerta y entreabría las ventanas que de vez en cuando daban pequeños golpes sordos al volver a cerrarse con fuerza. Así siguió la noche hasta que el crujir de la puerta principal rompió ese plácido silencio. Romeo, Cild y Eisen entraron en la casa sin hacer ruido. Subieron al segundo piso y Cild volvió a su cuarto.

- Buenas noches – dijo antes de cerrar la puerta.

Romeo, que sostenía a Eisen en brazos mientras le tapaban la boca, se quedo mirando la puerta en silencio unos instantes. Eisen miro a Romeo y balbuceo algo indescifrable. Romeo volvió en si y entro en la habitación.

- No hagas ruido, ¿vale?

Eisen se tapo la boca con las manos y asintió. Romeo se limito a sonreír y acariciarle la cabeza con cuidado.

- Vamos a dormir. ¿Tu duermes?

- No lo necesito pero puedo hacerlo si quieres.

Romeo se quito la capa, la camisa y los zapatos, y se metió en la cama.

- Entonces haz lo que quieras – Apago la luz.

De repente noto como las mantas se movían bruscamente, estaba oscuro y no podía ver nada así que creo fuego con su mano y vio Eisen acurrucarse a su lado.

- ¿No decías que no dormías?

- … No me encuentro bien... amito... - Eisen estaba muy pálida.

De repente Romeo noto como el fuego de su mano le quemaba, no podía controlarlo y rápidamente tiro agua de un vaso que tenia en su mano. Era extraño, nunca le había pasado algo así, debía ser el cansancio o eso pensó. Entonces recordó que Eisen se encontraba mal.

- ¡¿Eisen?!

- ¿Si amito?

- … ¿estas bien?

- Si, ya si.

- … Que raro... ¿seguro que estas bien?

- Si, perfecta.

- ¿Que te pasaba?

- No se... de repente e he sentido muy cansada y me dolía la tripa.

- Mañana le preguntaré a Cild.

Dicho esto Romeo inconscientemente abrazo a Eisen y se durmió. Eisen se acurruco entre los brazos de su amo y también se quedo dormida.
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lunes, 31 de enero de 2011

Cap 16 - Ritual

Cuando Romeo volvió a su habitación sin hacer ruido otra persona salio de su cuarto, en dirección al tercer piso. Una vez delante de la puerta Anima suspiro pesadamente y entro. Aun tenia la mano en el pomo de la puerta cuando vio que Zero estaba de pie, frente al mapa, pensativo.

- ¿Y bien? - Dijo Anima.

- Cierra la puerta por favor – Contesto Zero.

Cerró la puerta a regañadientes mientras Zero volvía a su silla. En el suelo aun habían trozos de cascara de huevo lila. Anima se los quedo mirando un segundo y después se sentó en una silla mientras recogía uno de los pedazos del suelo.

- No puedo creer que te hayas atrevido a clonarla...

- No es ella realmente... No habrá problemas. Además he limitado sus recuerdos a antes de todo aquello.

- ¿Y si llega a la misma conclusión que la verdadera Amara? ¡Por el amor del creador! ¡Mato a casi sesenta miembros del gremio aquella vez! Tus pociones de memoria no van a ocultar tus errores toda la vida Zero.

Zero se mostró molesto e incomodo ante aquella acusación. Realmente lo que paso hace seis años fue una tragedia. La autentica Amara era la compañera de Jin por aquel entonces. Una noche lluviosa de verano, después de una misión, Amara subió al tercer piso y encontró el mapa, junto a toda la información reunida por Zero de todos los miembros relacionados con la Biblioteca de Noss. Sintiéndose traicionada bajo al comedor con la intención de matar a Zero y Anima, pero al ser muda no pudo explicar el porque de su ataque y todos los miembros del gremio, ante aquella confusa situación, se le echaron encima para defender al líder del gremio. Anima consiguió matarla pero murieron cincuenta y siete miembros, que intentaron defender a Zero, antes de lograrlo. Solo gracias a sus cámaras de seguridad Zero pudo saber por que Amara les ataco con tanta violencia, dato que nadie más, aparte de Anima, conoce. Esa noche se subieron todos los cuerpos a un barco y cuando estaba suficientemente lejos Jin disparo una flecha en llamas que hizo prender el barco con los cadáveres dentro. A la mañana siguiente Zero les suministro en el desayuno a todos los miembros una poción de perdida de memoria. A día de hoy nadie recuerda aquella noche, ni los miembros que fallecieron, ni a Amara.

- ¡Eso no volverá a pasar! - Grito Zero.

Anima dio un respingo en su silla, Zero no acostumbraba a gritar de aquella manera. Se recostó en la silla,, intento tranquilizarse y volvió a hablar.

- ¿Como lo sabes Zero?

Zero sonrío con superioridad, como siempre que alguien le preguntaba como lograba sus pequeños “milagros”.

- La respuesta esta en eso que tienes en la mano. - Dijo mientras le pasaba un libro con una pagina marcada – Los clones creados a partir de halcón purpura son más estables que los creados a partir de cualquier otro animal.

- ¿Porque? - Dijo Anima mientras miraba la pagina del libro que decía exactamente lo mismo que Zero.

- Por que los halcones purpura tienen un ADN mucho más maleable que cualquier otra especie. Ha sido mucho más sencillo darle la forma que quería que si hubiera cogido ADN humano.

- A veces me das escalofríos... ¿Para eso enviaste a Jin a por el huevo? ¿Para clonar a su antigua compañera?

- No puedo remediarlo, soy un romántico – Dijo con tono burlesco.



El resto del día prosiguió con relativa calma. Algunos tenían el día libre, otros marcharon de misión, Noa y Alfa se marcharon antes de comer, a una pequeña misión a las afueras de la ciudad, y los demás simplemente se quedaron en la sala bebiendo. Durante el día Romeo y Cild no se vieron más pero al caer la noche Romeo salio fuera y la espero, tal como ella le había pedido. Al cabo de media hora Cild apareció.

- Esta todo listo, vámonos.

Romeo estaba algo nervioso pero se limito a asentir y seguirla. Se adentraron en una pequeña zona boscosa, cercana a Otherland. Caminaron hasta llegar a un claro situado prácticamente en medio del bosque.

Estaba todo preparado para el ritual. Cuatro hogueras ardían formando un cuadrado y en medio un circulo dibujado con un palo, y dentro del mismo circulo había un cuchillo adornado con pequeños huesos.

- Ven – Musito Cild mientras entraba dentro del circulo y cogía del suelo el cuchillo.

Romeo la siguió y se coloco frente a ella mientras miraba a su alrededor con nerviosismo.

- Esto te dolera un poco – Dijo Cild justo antes de hacerle una gran herida en el brazo a Romeo.

- ¡¿Pero que haces?!

- ¡Calla y haz que la sangre recorra el circulo! - Le ordenó.

Romeo, un poco temeroso, le hizo caso y remarcó el circulo del suelo con su sangre. Cuando lo termino Cild cubrió su herida con una tela blanca.

- Apretatelo o te desangraras – Comento mientras se hacia un pequeño corte en el dedo corazón y arrojaba la gota de sangre al circulo dibujado por Romeo.

De repente la sangre comenzó a hervir, como si a la sangre de Romeo le quemara la de Cild. El humo que está creaba comenzó a danzar en círculos al rededor de los dos, tomando formas casi humanas.

- Miralo bien, esta cortina de humo permite ver los demonios que nos rodean ahora mismo.

- ¿Pueden atacarnos?

- No, están en otro plano pero pueden vernos al igual que nosotros a ellos ahora. Todos los demonios que ves han sido atraídos por tu sangre, son los demonios que están dispuestos a pactar contigo.

A medida que Cild hablaba más demonios se agrupaban frente a la cortina de humo. Romeo no sentía las piernas, cosa que echo de menos por que quería salir corriendo de allí.

- Ahora debes pensar solo en el trato que quieres obtener con ese demonio, lo máximo que estas dispuesto a ofrecer. Y solo el demonio que este conforme aceptara, pero ten cuidado, únicamente debes pensar en el pacto si piensas en cualquier otra cosa esta sera única al pacto automáticamente y no podrás negarte.

Romeo noto como sudores fríos le recorrían el cuello.

- Esta bien... - Dijo casi en susurros.

- De acuerdo, ahora debes decir bien alto “Ofrezco mi alma al mejor postor” e introducir la mano en la cortina de humo. Mientras tengas la mano dentro de la cortina recuerda solo pensar en el pacto y nada más. Cuando notes que te dan la mano estira con todas tus fuerzas para atraer al demonio a nuestro plano existencial.

- … Va-vale...

- No te preocupes, no es tan difícil como suena.

Romeo asintió y se preparo para alcanzar su meta.

- ¡Ofrezco mi alma al mejor postor! - Y dijo esto introdujo la mano en la cortina de humo.

Cild estuvo en silencio e inmóvil para evitar distraer a Romeo, cualquier distracción podía ser fatal. De repente Romeo comenzó a gritar y a hacer fuerza para volver a traer su mano al mundo mortal. Cild miro atentamente la mano de Romeo que comenzaba a entreverse para poder ver la mano del demonio que había aceptado. La mano que se vislumbraba parecía muy pequeña en comparación a la de Romeo pero Cild no le dio mayor importancia. Un ultimo estirón y Romeo cayo al suelo, debajo de su nuevo “acompañante”. Cild se quedo muda al verlo. Mientras la cortina de humo desapareció lentamente y la sangre del circulo fue totalmente consumida.

- ¿Y bien? - Dijo Romeo, el cual no se atrevía a abrir los ojos. - ¿Es un demonio poderoso? No pesa demasiado...

- Abre los ojos...

Romeo abrió los ojos y vio ante si una niña pequeña. Aun que si apariencia era adorable sus ojos eran como los de Henar, a diferencia que los de la niña eran grises y no amarillos, Romeo también se fijo que tenia cuernos. Su cabello era gris y rebelde.

- … Esto... - Comenzó a Decir Romeo.

- ¡Hola! ¡Me llamo Eisen! ¿Y tu?

- Romeo... espera, ¿hablas mi idioma?

- Claro que si

- Claro que lo habla – Interrumpió Cild – Es un pequeño demonio menor, suelen ser los más llamados y por eso aprenden nuestro idioma de tanto escucharlo.

- ¿Demonio menor? - Dijo Romeo con cierto tono de descontento.

- Es lo suficientemente poderosa para ti, no podrías dominar a una súcubo como Henar.

Eisen miro a Romeo con preocupación.

- ¿Que ocurre? ¿Amito no esta contento con Eisen? ¿Eisen no es suficiente?... - Dijo mientras sollozaba.

- ¿Eh? ¡No! ¡No! Eisen es perfecta para mi – Dijo Romeo para intentar consolarla.

- ¿De verdad...?

- Que si.

- ¡Bieeen! - Grito Eisen mientras se lanzaba al cuello de Romeo.

- Esperaba algo más... terrorífico... - Pensó Romeo.
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lunes, 24 de enero de 2011

Cap 15 - Malva

Los colores del atardecer comenzaron a teñir las montañas cuando Romeo volvió a subir a la habitación de Zero, tal y como se lo había pedido. Cuando llego al tercer piso Anima estaba en la puerta esperando. Romeo se fijo en que tenia unos guantes nuevos parecidos a los suyos, pero no le dio más importancia que eso.

- ¿Que haces aquí fuera?

- Zero no me ha dejado entrar, no se por que... - Contesto ella, visiblemente molesta.

Romeo no dijo nada más, no quería acabar siendo el blanco de su ira. Se acerco a la puerta y golpeo con suavidad cuatro veces.

- ¿Se puede?

“Adelante” se oyó como siempre a través de la puerta de madera. Abrió la puerta y se encontró de bruces con una joven que no había visto antes. Era muy hermosa, y aun que esto en otro momento hubiera sido en lo único que se hubiera fijado no pudo evitar darse cuenta de que esa joven tenia un color de ojos y de cabello muy inusual, por no decir único, eran de color malva. Y eso no era lo único, sus ojos carecían de pupilas, eran totalmente malvas, vacíos, sin alma, su mirada estaba perdida en la inmensidad de su color, preciosos, pero inquietantes. Romeo se quedo perplejo, tanto por su belleza como por su extrañeza. La joven, cansada de que le mirara tan fijamente, movió la mano enérgicamente ante él con el propósito de “despertarlo”. Al final Romeo volvió en si.

- ¡Oh! Perdona... yo... es que... - Comenzó a balbucear.

- No es necesario que te disculpes – Dijo Zero – Es consciente de que su aspecto impresiona.

La chica le dedico a Romeo una fugaz sonrisa, aun que más bien pareció una mueca.

- Se llama Amara – Ella asintió ante eso – Y no esperes que te hable demasiado, puesto que es muda – Volvió a asentir.

- Vaya...- Dijo Romeo sin poder dejar de mirarla.

- Y deja de mirarla así le molesta que...

- ¡¿Que hace ella aquí?! - Grito Anima, la cual empujo a Romeo fuertemente y se planto frente a Amara - ¿No te hice suficiente daño la ultima vez?

- Anima tranquila, esto tiene una explicación – Dijo Zero para intentar calmar a Anima.

Romeo no sabia bien que estaba pasando, así que se quedo a un lado contemplando la situación. Amara parecía bastante incomoda ante la presencia de Anima, pero visto lo que ella le espeto no es para menos.

- ¡¿Que?! - Anima estaba muy alterada pero parecía que ya lo había entendido todo, sin necesidad de explicación alguna- ¿Después de todo aquello? ¿Estas loco?

Zero suspiro y miro a Anima con frustración. “Vete”, no le dijo nada más, ni falta que hizo, pues Anima se marcho incluso antes de que Zero acabara de vocalizar. Amara se quedo quieta, mirando a Zero con preocupación.

- No te preocupes, se le pasara. Bueno Romeo, como te decía, ella es tu nueva pareja de trabajo. Es la mejor lancera de este lado del mundo, espero que estés a su altura y no vuelva a pasar lo de la otra vez, iros a conoceros mejor. Largo.

Aun que dijo “se le pasara” no era habitual ver a Anima discutir con Zero y eso se noto en el todo de voz de él. Romeo bajo la vista antes de girar hacia la puerta y se dio cuenta de que en el suelo habían trozos de cascara de huevo lila, le pareció extraño pero enseguida lo achaco a algún experimento de Zero. Amara y Romeo se marcharon, dejando a Zero a solas con sus pensamientos. Al llegar abajo se encontraron con Cild.

- ¿Que ha pasado? - Dijo sin prestar atención a Amara. - Ha bajado Anima muy enfadada, empujando a todo el que estaba en su camino y eso no es propio de ella.

“¿Desde cuando Cild conoce tan bien a Anima?” Pensó Romeo. Antes de poder responder algo Cild ya estaba clavando la mirada en Amara. Amara también la miraba a ella pero parecía como si la traspasara.

- … Ella es Amara, mi nueva pareja. - Se apresuro a decir Romeo.

- Entiendo... - Cild se marcho sin decir nada más.

Romeo se quedo mirando como se iba y cuando se giro hacia Amara esta ya se estaba yendo, a donde no lo sabia pero la dejo marchar. Bufo con resignación y volvió a su habitación. En este gremio habían demasiados secretos y cosas ocultas.

Llego la noche y después de la cena y la consiguiente fiesta repleta de alcohol todos se fueron a dormir.

A primera hora de la mañana alguien golpeo con suavidad de puerta de Cild, al son de “¿Cild?”. Resonó varias veces hasta que ella, molesta por el incesante ruido, se despertó y fue a abrir la puerta. Cuando abrió la puerta se encontró con un Romeo visiblemente nervioso.

- ¿Romeo? ¿Que haces aquí? Son... como las cuatro de la mañana...

- En realidad ya son más de las nueve... ¿Puedo pasar? En cualquier momento Noa se despertara y no quiero que me vea levantado.

- Claro, claro... pasa... - Dijo Cild medio dormida.

Cuando Romeo entro, cerro la puerta después de comprobar que nadie se había despertado.

- A ver... que es eso taaan importante que no puede saber nadie ni puede esperar a una hora más normal – Pregunto Cild mientras se sentaba en una silla.

- Veras... - Comenzó a decir Romeo mientras se sentaba a los pies de la cama desecha de Cild – Amara, mi nueva compañera... según Zero, es la mejor lancera de este lado del mundo... y... y yo... - Suspiro y miro a Cild a los ojos – Yo lo único que he conseguido es casi matarnos a los dos... - Dicho esto volvió a mirar al suelo mientras se pasaba la mano por el pelo, llevándolo hacia atrás de su cabeza.

Cild lo miro preocupada, no sabia en que estaba pensando pero parecía algo serio.

- Lo he meditado mucho y... - Comenzó Romeo.

Cild estaba muy nerviosa, sabia que fuera lo que fuera no iba a ser algo bueno.

- … Quiero unos poderes demoniacos como los tuyos.

- ¡¿Que?! ¿Pero tu te estas escuchando? ¿Quieres ser brujo y tener un demonio? Pero eso va en contra de todos tus principios y-...

- ¿De que me sirven mis principios? - La cortó – Casi mueres por mi culpa, esa imagen no se me ira nunca de la cabeza.

Cild no supo que contestar a eso, en parte tenia razón pero Romeo odiaba ese tipo de magia con todas sus fuerzas.

- ¿Me ayudaras? - Le pregunto Romeo.

- …. No se Romeo... ¿Lo has pensado bien?

- Si, no he pensado en nada más durante estos dos años.

- …. Bueno, si estas tan decidido te ayudaré. Te convertiré en un brujo.
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lunes, 17 de enero de 2011

Cap 14 - Guantes

El sol penetra con fuerza a través de los cristales del cuarto de Romeo. Aun que es prácticamente mediodía Noa no fue a despertarlo. Romeo se levantó con pereza y fue hasta su armario para vestirse. Las manos, aun que aun vendadas, no le dolían nada. Hoy era el día que había estado esperando dos años. Hoy, al fin, sus heridas estaban sanadas y volvería al trabajo. Una vez vestido se acerco al pequeño espejo que tenia en su cuarto, realmente debía afeitarse, ya que al no salir de su cuarto desde el accidente no se había molestado a arreglarse lo más mínimo. Paso esos dos años escuchando el crujir de las maderas al pasar alguien cerca de su puerta, el interfono de Zero mandando misiones especiales y las pequeñas peleas ocasionales que ocurrían a la hora de cenar, cuando todos ya estaban borrachos.

Una vez totalmente aseado y vestido, abrió la puerta de su habitación y para su sorpresa Alfa, Cild, Jin y Noa estaban esperándole.

- ¡Si que has tardado! - Le espeto Alfa – Llevamos dos horas esperándote.

- ¿Estabais esperándome? - Pregunto Romeo aun sorprendido.

- ¡Claro que si! Hoy es el gran día – Dijo una Noa risueña.

Romeo se limito a sonreír, no se esperaba esta sorpresa.

- Bueno, vamos tirando, que sino Zero se enfadara. - Comento Cild.

- No me lo recuerdes... - Dijo Alfa antes de subir las escaleras.

Cuando llegaron arriba, Romeo se adelanto a todos y pico a la puerta. “Adelante Romeo” escuchó, una forma sutil de dar a entender que sólo Romeo debía entrar. Antes de entrar miro a sus amigos, todos estaban expectantes de que volviera a salir con buenas noticias. Entro y cerro la puerta tras de si.

- Buenos días Romeo – Dijo Zero.

- Buenos días – Romeo miro por la habitación, Zero estaba solo, algo raro en él.

- Buenos días – Dijo Anima, la cual surgió desde las sombras a las espaldas de Romeo.

Romeo se quedo atónito, ni siquiera noto como se acercaba a él. Zero limito a sonreír ante su expresión mientras Anima se colocaba a su lado.

- ¿Que tal te encuentras?

- Mejor, las manos ya no me duelen... Que era lo que más tardaría en sanar, ¿no?

- Si, acercarte, vamos a quitarte el vendaje.

Con cuidado y dejando caer sobre las manos de Romeo un liquido rosado, Zero retiró todo el vendaje. Romeo mantuvo los ojos cerrados, le daba demasiado miedo el estado en el que se habrían quedado. Aun cuando no había abierto los ojos pero notaba que el vendaje ya no estaba oyó:

- Vaya, tus pociones mejoran con el tiempo Zero.

Romeo, esperanzado al escuchar eso abrió los ojos y se acerco las manos a la cara para verlas pero no estaban como él deseaba. Ambas manos tenían cicatrices por todas partes y en las palmas dos grandes marcas de quemaduras, más suaves y pequeñas de lo que deberían pero cicatrices al fin y al cabo. La expresión de decepción de Romeo hizo enfurecer a Zero.

- Sin la ayuda de Zero habrías perdido la sensibilidad y prácticamente la forma de las manos, al menos deberías agradecer que otro haya resuelto tu error – Dijo Anima de forma muy dura y clara.

Zero se limito a volver a su ordenador.

- Ya puedes largarte.

Romeo se sintió fatal, realmente Anima tenia razón, sin Zero ya no tendría manos o estaría muerto y él solo le había pagado con una cara de decepción. Hizo una pequeña referencia y se giro para irse.

- Una cosa más – Comenzó a decir Zero – Esta tarde vuelve, te presentaré a tu nueva pareja.

- ¿Nueva pareja? - Pregunto Romeo girándose - ¿No lo era Cild?

- Cild ahora va con Jin.

- Ah... esta bien – Y dicho esto se fue.

- ¿Quien sera el afortunado? - Pregunto Anima con curiosidad.

- Ya lo veras.

Romeo volvió con todos, los cuales le esperaban en el salón, en la planta baja. Iba con las manos en los bolsillos, no quería que sus amigos le vieran así. Pero su cara era como un libro abierto.

- ¿Que ha pasado? - Pregunto Alfa.

Romeo suspiro resignado y enseño sus manos, los demás no pudieron ocultar su expresión de preocupación y un poco de asco. Al verlo Romeo volvió a esconder las manos y dijo:

- Si no os importa vuelvo a mi cuarto.

Nadie se lo impidió, Romeo había pasado esos dos años prácticamente solo en su cuarto, aun que no le visitaban sabían que estaba muy deprimido y el estado de sus manos no le hacia sentirse mejor.

Cuando llego a su cuarto encima de la mesa había un objeto que no estaba cuando se fue. Unos guantes de cuero negros, muy desgastados pero muy resistentes. Romeo se acerco a ellos y los cogió, no sabia bien que hacían ahí. Pensó que podría ser un regalo pero lo descarto enseguida ya que sus amigos estaba abajo con él cuando les contó lo de sus manos, y no creía que pudieran ser tan previsores. Pero era más lógico pensar eso, al fin y al cabo, que no creer que el regalo provenía de una de los dos personas restantes que sabían lo de sus manos. No, definitivamente los guantes no podían ser ni de Zero ni de Anima.

Ya con los guantes puestos, y siendo la hora de comer, Romeo bajo bastante más animado al comedor. Todos le acogieron con alegría y le hicieron un sitio a su lado para comer. Mientras comían Cild, sentada frente a él preguntó:

- ¿Como es que has bajado a comer? Pensábamos llevarte la comida más tarde.

- Es que “alguien” me ha hecho un regalo inesperado y acertado – Dijo Romeo sonriendo.

- Me alegro – Se limito a contestar Cild.

Le hubiera gustado saber quien había sido pero si esa persona prefería seguir en el anonimato no iba a contradecirle. Él ya era feliz así.



>> Mientras tanto, Zero y Anima estaban mirando a los miembros comer desde el primer piso.

- Eres una blanda... - Bufo Zero.

Anima, que ya no llevaba sus guantes, echo una mirada fulminante a Zero y se marcho en silencio.
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lunes, 10 de enero de 2011

Cap 13 - Cambios

Las ultimas gotas de la tormenta que azotó Uvra aquella mañana se deslizaban por los cristales de la ventana. Cild estaba sentada en un viejo sillón de cuero marrón esperando a que Noa viniera con las tijeras para quitarle aquel aparatoso vendaje. Ya habían pasado esos dos malditos meses de reposo.

- Me abuurrooo... - Dijo Cild en voz alta a ver si alguien le prestaba atención.

- Deja de quejarte – Dijo Anima mientras entraba en la habitación.

Sus miradas se cruzaron un breve instante pero rápidamente Cild volvió la mirada.

- ¿A que has venido?

- ¿No decías que te aburrías? - Dijo Anima en tono burlón.

Cild aprovecho cuando Anima se quedo mirando por la ventana para mirarla. Desde el accidente Cild no había podido coger ninguna misión y habían días que los únicos que quedaban en la casa eran Zero y Anima, y como Zero nunca estaba por el salón, Cild pudo entablar una pequeña amistad con Anima. Por lo visto ella le había caído en gracia, algo poco probable por los rumores que corrían sobre Anima por el gremio. Dejando de lado que su mirada parecía que podía atravesarte, los ojos de Anima eran preciosos, a Cild le parecía raro que nadie se hubiera fijado antes pero era algo normal, ya que nadie miraba a Anima a los ojos, siempre solían agachar la cabeza a su paso. Seguro que debía sentirse sola a veces...

- ¿Cild? ¿Me estas escuchando? - Dijo Noa, sentada frente a ella.

- ¿eh? ¿Y Anima?

- ¿Anima? Cuando yo llegue no había nadie – Contesto Noa mientras le cortaba el vendaje del brazo.

Cild no dijo nada más, se quedo en silencio mirando como Noa liberaba su brazo de aquel vendaje infernal que le impedía trabajar.

- Bueno, esto ya esta – Dijo Noa retirando lo que quedaba de venda.

- Gracias Noa.

- Ahora ve al cuarto de Zero, quiere hablar contigo.

- Esta bien – Contesto Cild mientras movía el brazo lentamente, ya que aun lo tenia medio adormecido.

Cild subió las escaleras hasta el tercer piso, donde Zero le estaba esperando. Llamo a la puerta, y después de escuchar un “adelante” desde el interior abrió la puerta y entro. Echo un vistazo y no estaba Zero solo, estaba junto a Jin y Anima.

- Te estábamos esperando, Cild. - Dijo Zero mientras ella cerraba la puerta.

Cild se planto frente a ellos sin decir nada, solo miro de reojo a Anima por unos instantes antes de decir:

- ¿Que ocurre?

Zero se acomodo en su sillón viejo.

- Nada, simplemente que como ya estas curada puedes volver a trabajar, que vivir aquí no es gratis.

- Lo se – Dijo Cild mordiéndose la lengua para no echarle en cara de quien era culpa de su “enfermedad”.

Zero se dio cuenta de que Cild se moría de ganas de echar la culpa a otro, a Romeo o a él mismo, pero no le dio mas importancia y prosiguió.

- Por lo que vi, eres una atacante mas bien de próxima distancia...

Cild asintió.

- Así que a partir de ahora iras de pareja con Jin.

Cild se sorprendió.

- ¿Como que Jin? ¿Y Romeo?

- Aun le queda mucha recuperación por delante – Dijo Anima de forma tajante.

Cild no rebatió eso, sabia que a Romeo aun le quedaban casi dos años de recuperación según Noa y Zero. Miro a Jin de arriba a abajo, al menos parecía una persona competente.

- Espero que hagamos buen equipo – Dijo Jin sonriendo.

Zero miro a ambas, después del error de emparejar a Romeo y Cild temía que esta pareja también saliera mal, pero al fin y al cabo era Jin, era una de las mejores del gremio, todo iría bien.

- Bueno, tenéis una misión – Dijo Zero.

- ¿Ya? - Pregunto Cild, sin demasiadas ganas.

- Cuestas dinero, ¿lo sabes? Así que a trabajar. - Y dicho esto Zero entrego a Jin un pequeño mapa – Tenéis que ir allí.

Con mucha desgana Cild salio de la habitación, seguida por Jin. Una vez más Anima y Zero se quedaron solos.

- ¿Crees que esta vez ira mejor? - Pregunto Zero.

- ¿Temes por sus vidas?

- Temo por mis planes.

- Lo suponía... No te preocupes, Jin puede con todo. - Dijo mientras iba hacia la puerta.

- Menos contigo.

Ese ultimo comentario hizo sonreír a Anima, y aun que Zero no pudo verlo sabia que había sonreído ante aquello. Si Anima tenia un defecto, era la soberbia.
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sábado, 8 de enero de 2011

Cap 12 - Recado

Aquella noche sin luna nadie del pequeño pueblo costero de Mhuan se atrevió a salir, ni siquiera los borrachos de las tabernas salían a tomar un poco de aire, puesto que todos sabían que el “lince” andaba suelto.

Jin caminaba decidida por las oscuras calles sin necesidad de un atisbo de luz, ya que sus ojos estaban hechizados con un conjuro de visión nocturna. Ese pequeño don, que nadie sabe de donde salio, era, junto con su puntería, lo que mas temían sus enemigos. Le había costado tres días a caballo llegar hasta este pueblo escondido entre los acantilados del sureste de Gea. Pero no tenia importancia, sabia que allí encontraría lo que necesitaba.


Llevaba varios días sin comer así que entro en una de las tabernas que aun permanecían abiertas, aun que intentaban ocultarlo, al abrir las puertas todos enmudecieron de terror, Jin normalmente parecía una persona afable y tranquila pero cuando estaba trabajando su rostro amable dejaba paso a uno serio y taimado.

Se acerco a la barra, la cual estaba llena cuando entro y vacía cuando se acerco, y dijo:

- Pongame algo de beber y de comer.

No especifico nada mas pero en seguida un plato caliente de estofado de ternera y una gran jarra de cerveza estaban frente a ella. Comió y bebió hasta estar saciada, para entonces la taberna ya estaba vacía, solo el tabernero que le sirvió seguía en el local.

- Ahora que por fin estamos solos... - Comenzó a decir Jin - … Digame donde puedo encontrarle – Continuo mientras dejaba sobre la mesa un cuerno de color azul.

El tabernero quedo atónito al ver el cuerno, puesto que solo podía significar una cosa, que esta chica iba tras el minotauro de Ébano.

- … Esta a unas dos horas a caballo... hacia el oeste... pero... no deberías ir, es peligroso... hasta para ti.

- ¿Sabes quien soy?

- Cl-claro, el local a quedado vacío cuando has entrado....

- Pues si lo sabes... ¿por que me entretienes con tonterías? - Y dicho esto dejo una pequeña bolsa llena de monedas y se marcho.

Jin siguió el camino que el tabernero le había indicado. Cabalgo toda la noche hasta que el sol despuntaba en el horizonte reflejándose en el azul de sus ojos. Avanzada la mañana llego a su destino, la abandonada hace más de cien años y nombrada “ciudad de Ébano”, su nombre proviene del hecho de que todas las casas estaban hechas de ébano, material con el que también comerciaban. Ébano estaba custodiada por un único guardián, un minotauro de más de dos metros de alto.

Desmontó y dejó atado el caballo a las puertas de la ciudad, el animal estaba inquieto y eso asusto un poco a Jin pero no dio marcha atrás. Preparó su arco y entró en la ciudad con pies de plomo, agudizando la vista al máximo, nunca antes le había tenido que sacar partido a sus ojos, ya que la ciudad estaba cubierta por arboles y los rayos del sol no conseguían penetrar en la espesa armadura vegetal.

Llego a una pequeña plaza en la cual había algo de claridad, llevaba ya casi una hora en la ciudad y ni rastro del minotauro, no podía estar muerto pues era una criatura que podía alcanzar los mil años de edad y no envejecer. Quería llamarlo y hacerle salir de su escondite pero Jin estaba casi segura que si el minotauro estaba en la ciudad ya debía saber que ella estaba allí. Continuo avanzando hasta entrar en un pequeño callejón, cuando dio unos pocos pasos las paredes se movieron bruscamente impidiendo la retirada. De repente Jin oyó una fuerte respiración frente a ella, el callejón estaba tan oscuro que sus ojos no pudieron ver que el minotauro se alzaba frente a ella, amenazante, pero su piel notó la leve brisa que levanto al alzar su maza y pudo esquivar, a duras penas, un golpe que podría haber sido mortal. Jin choco contra la pared del callejón pero pudo esquivar el golpe, nuevamente la brisa que sintió en la piel la libró de otro golpe al agacharse rápidamente. No pudo verlo pero oyó como la pared se derrumbaba y la aprovecho para escapar. Corrió por una casa polvorienta sin apenas visión seguida muy de cerca por una bestia que hacia temblar el suelo que pisaba.

Aun que si el minotauro la alcanzaba la haría pedazos Jin no tenia miedo, pues todo estaba saliendo como esperaba. Atrajo al minotauro hasta la pequeña plaza, e interponiendo la fuente seca entre ella y él, freno, mirando a la bestia a los ojos. Realmente era terrorífico, Era una enorme bestia cubierta de pelo tan negro como el ébano que cubría la ciudad, ojos inyectados en sangre de mirada severa, cabeza de toro con cuernos azules, uno de ellos roto, y grandes manos de semejanza humana.

- Estabas muy bien escondido esta vez... Casi casi consigues atraparme – Dijo Jin con tono burlón.

Realmente no era la primera vez que se veían, hacia unos años Jin entro en Ébano por soberbia y un poco de estupidez, en busca de emociones y casi no logra contarlo, pero pudo llevarse un pequeño trofeo en su huida fortuita.

El minotauro no se tomo demasiado bien ese tono y menos cuando Jin le mostró que ahora usaba su cuerno de colgante.

- No vengo a por ti esta vez, así que no te metas – Dijo ya más seria.

El minotauro se planto firme en señal de desafío, no tenia intención de dejarla salir con vida de nuevo. Jin bufo resignada, esperaba un poco de colaboración de una criatura suficientemente inteligente para temer a la muerte. Tensó su arco y apunto directamente a su corazón.

- No me obligues, bestia.

El minotauro se limito a mirarla fijamente a los ojos, no temía sus flechas. Jin tenso aun mas el arco con intención de disparar pero antes de poder fijar el objetivo el minotauro salto sobre ella. Jin solo tuvo tiempo de rodar hacia un lado para evitar el ataque, y a su vez esquivo otro más mientras seguía rodando. Cuando estuvo suficientemente lejos de la bestia se arrodillo y le disparo directamente a la cara pero el minotauro paro la fecha con su brazo. La bestia arranco la flecha y rugió fuertemente a Jin mostrando sus colmillos, se puso en pie y corrió hacia Jin para envestirla pero Jin volvió a rodar sobre si misma. El minotauro, sin control, acabo empotrado contra una de las paredes de madera con su único cuerno, entonces Jin aprovecho ese momento para correr tras la fuente. Cuando llego tras ella el minotauro se libero, giro sobre sus talones y volvió a correr contra Jin para envestirla, sin importarle que la fuente seca se interponía entre ellos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca Jin de una zancada subió a lo alto de la fuente y apuntando con su arco disparo una flecha certera a uno de los ojos del minotauro. Esto no freno su embestida, cosa con la que Jin contaba, y entonces Jin cayo con todo su peso sobre la flecha, pisándola con el pie y hundiéndola completamente en la cabeza de la bestia.

Ambos cayeron al suelo, Jin solo recibió unas pocas contusiones pero la bestia yacía muerta frente a ella.

- Te dije que no venia a por ti...

Se acerco al cadáver del minotauro, y con un pequeño cuchillo de sierra rebano el otro cuerno y lo guardo en su zurrón.

Jin continuo su búsqueda, ahora mas tranquila, por la ciudad hasta que encontró el campanario. Entro y subió hasta donde dormían las campanas, y allí encontró lo que buscaba. Un huevo de halcón purpura, no sabia para que quería Zero algo así, ni le importaba demasiado, pero debía admitir que las formas de color purpura que se formaban caprichosamente en el cascaron eran muy hermosas. Cogió el huevo tranquilamente, puesto que los halcones purpura abandonaban los huevos hasta que estos se abrían, lo guardo cuidadosamente en una bolsa de cuero acolchada y se marcho de aquella oscura ciudad. Volvió a subir a su caballo y marcho hacia Uvra, hacia el gremio.
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lunes, 20 de diciembre de 2010

Cap 10 - Error

Romeo y Cild subieron con cautela las escaleras, pues aun que no habían indicios que afirmaran que el ultimo guardián se hubiera enterado de su ataque podría haber puesto trampas y aparentar tranquilidad para pillarles desprevenidos. Con unos simples gestos de mano Romeo aviso a Cild que desde su posición podía ver al guardia. Cild asintió y se dispuso a llamar Henar de nuevo pero Romeo le indico que no lo hiciera, Cild aun que se quedo confusa acato la orden que Romeo le dio. Él dio un rápido paso al frente poniéndose frente al guardia y murmurando de forma casi inaudible conjuro una ráfaga de fuego con sus manos las cuales carbonizaron al guardia sin hacer el mas mínimo ruido. Romeo sonrío confiado, la misión estaba resultando muchísimo mas sencilla de lo que pensaba. Demasiado incluso.

- Vamos, solo queda Hom – Comento Romeo a Cild mientras terminaba de subir las escaleras.

Romeo no se fijo pero Cild ya no sonreía como hace un rato, él estaba demasiado orgulloso de si mismo en ese momento, se sentía invencible y poderoso aun que el comentario del mago, que le llamo “traidor” le quemaba por dentro. Aliarse con una bruja como Cild era pisotear todos sus principios sin remordimientos pero ahora no tenia tiempo para pensar en eso. Romeo abrió la puerta del dormitorio de Hom sin escuchar los gritos de Cild. Antes de que Cild terminara de gritarle “¡No lo hagas!” la puerta exploto, empujando a Romeo hacia la pared del fondo del pasillo gravemente malherido. Solo podía ver medio inconsciente como Hom salia de la habitación triunfante junto con una veintena de magos, guerreros y picaros que atacaron sin reservas a la indefensa Cild. Justo antes de perder totalmente la consciencia Romeo pudo ver como varios de esos hombres caían al suelo muertos, pensó que fue un ultimo intento de Cild que había invocado a Henar, se sintió estúpido y culpable pero no pudo seguir despierto ni un segundo mas y se desmayo.

Cuando volvió a abrir los ojos estaba en su cama, en Otherland, vendado de arriba a abajo, y Noa a los pies de la cama mirándole con preocupación y los ojos llorosos.

- ….¿Noa...? - Murmuro sin poder moverse.

Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de Noa y no pudo reprimir abrazarlo.

- ¡Estas vivo!

- … Si... ¿Que a pasado?.... ¿Donde esta Cild?...

- Estoy aquí – Dijo Cild, que entraba por la habitación con uno de los brazos vendados, seguramente roto.

Romeo sonrío pero su sonrisa duro poco al ver el gesto molesto de Cild. Noa al ver la situación se fue de la habitación, para avisar a Zero. Un largo e incomodo silencio inundo la habitación.

- … Lo sien-

- ¡Podríamos haber muerto! ¡Eres un inconsciente! - Le grito Cild muy enfadada.

Romeo se limito a cerrar los ojos y a asentir ante tales verdades.

- ¿¡En que estabas pensando!? ¿¡De verdad te creías que iba a ser tan fácil!? Si no llega a ser por Jin que nos siguió ahora estaríamos criando malvas.

-¿Jin?

- La mejor arquera de este lado del mundo – Dijo Zero entrando en la habitación, acompañado por Jin.

- Que exagerado llegas a ser. ¿Te encuentras mejor novato? - Dijo Jin sin maldad alguna.

Romeo la miro de arriba a abajo, era una joven de largos cabellos dorados, ojos claros y sonrisa hermosa. Era bastante alta pero no mas que él mismo. Asintió con vergüenza. Romeo volvió a mirar Cild.

- Tu brazo...

- ¿Esto? - Dijo Cild alzando el brazo vendando – No es nada, en un par de meses estará como nuevo.

- Tu en cambio – Comenzó Zero – Te esperan unos largos meses de reposo hasta que puedas volver a moverte, esa explosión te dio de lleno, te rompió varios huesos y daño varios órganos principales, sin hablar de toda la piel quemada.

Romeo se miro las manos vendadas, entre las telas podía ver como su piel se había derretido, era muy doloroso pero la vergüenza era aun mas dolorosa. Zero se percato de ello.

- Vámonos, debe descansar.

Y dicho esto Romeo se quedo solo, él cual no pudo seguir conteniendo las lágrimas. Acababa de aprender una importante lección, una que no olvidaría jamas.

En la misma puerta estaba Anima con Noa, esperando a Zero.

- Te dije que no saldría bien, pero te empeñaste en comprobarlo.- Y dicho esto Anima se fue.

Zero se quedo en silencio mirándola marchar, esta vez ella tenia razón y casi le cuesta dos miembros del gremio. Volvió a su habitación para borrar a Cild y Romeo de la lista de miembros activos.

Noa volvió a su habitación bastante triste, ella sabia perfectamente lo que era cargar con la muerte de alguien a tus espaldas. Una vez en su habitación se subió a una silla y apago la cámara que Zero había colocado en un rincón, bajo de la silla y se dirigió a su mesa. Una de las patas tenia un cajoncito secreto y dentro de él había una foto de una Noa mucho mas joven junto a una chica de aspecto mas agresivo pero de mismo rostro que ella.

- Te echo de menos, hermana... - Susurro mientras acariciaba la foto.
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lunes, 13 de diciembre de 2010

Cap 9 - Bruja

Romeo entro en la habitación. En ella estaban Zero en su sillón de cuero, Anima apoyada en la pared mirándole de reojo, y alguien de espaldas a el tapado con una capucha. Llevaba una túnica muy ancha y no podía saber si era un hombre o una mujer. Tenia una extraña y desagradable sensación pero no le hizo caso.

- … ¿hola?

Zero levanto la vista y le miro.

- Ya era hora. - Se limito a decir.

Romeo asintió con resignación y guardo silencio.

- Te presento a tu pareja de trabajo – Musito Zero mientras aquella extraña persona se daba la vuelta y bajaba su capucha– Su nombre es Cild y es una...

- ¡Bruja! - Grito Romeo visiblemente incomodo – Las brujas están prohibidas en Uvra- Ahora ya sabia por que tenia una mala sensación, la magia impura de la bruja invadía la estancia.

Zero le echo una mirada fulminante y Romeo tembló. La joven se limito a sonreír mientras se apartaba el pelo ondulado de la cara.

- No importa Zero, era lo mas lógico que pasara si me ponías de pareja con un mago – Dijo con su voz suave y dulce.

Romeo la volvió a mirar de arriba a abajo, no parecía tan peligrosa como le habían contado que eran los brujos pero tenia ese rasgo tan característico de los brujos que habían vendido su alma a los demonios, un ojo con la esclerótica negra y el iris amarillo. El iris variaba según el brujo, puesto que no todos vendían su alma al mismo demonio y eso era algo distintivo.

- Lo se, pero quiero ver que puede pasar uniendo dos magias tan diferentes en un mismo equipo.

- Que acabaran matándose entre ellos – Dijo tajante Anima.

Ese comentario provoco un silencio incomodo que Zero disfruto como siempre que Anima decía lo que pensaba de repente. Ocurría muy pocas veces.

- No creo que eso llegue a ocurrir, ¿verdad? - Dijo Cild sonriendo a Romeo.

Romeo se limito a un ligero cabeceo. Le incomodaban sus ojos, su posición como bruja y sobretodo la energía que desprendía. Estaba acostumbrado a una energía fluida y suave, la típica en un mago pero la de los brujos era agitada y violenta, sumamente desagradable para cualquier mago.

- Bueno, hechas las presentaciones todo el mundo fuera de aquí, tengo que trabajar. Ah, y vosotros también – Dijo Zero señalando a la nueva pareja.

- ¿Nosotros? - Pregunto Romeo señalándose a si mismo.

Anima se fue, cerrando la puerta tras de si, algo raro en ella. Una vez se quedaron solos Zero prosiguió.

- Necesito que os encarguéis de este tipo.

Una de las muchas pantallas de Zero se ilumino y podía verse en ella la cara de un hombre.

- Se llama Aldert Hom, quiero que lo liquidéis.

Cild y Romeo asintieron pero Romeo estaba visiblemente incomodo, no le gustaban ese tipo de misiones.


Caminaron por las calles mas oscuras de Uvra en silencio. Al cabo de una hora llegaron a una pequeña casa escondida entre dos grandes edificios. Se escondieron en un lugar cercano.

- ¿Y ahora que? - Pregunto Romeo, era su primera misión y no sabia a ciencia cierta como actuar, en LasterKha nunca tuvo que hacer este tipo de “recados”.

Cild, en silencio, se toco la oreja enseñándole a Romeo el radiotransmisor. Romeo empalideció, el no tenia ninguno. Cild al verle, sonrió y le dio uno que llevaba guardado en el bolsillo.

- ¡¿Pero como se te ocurre olvidarte algo tan importante?! ¡Inútil! - Oyó nada mas ponérselo.

- Perdona – Se limito a contestar Romeo ante las risas de Cild.

- Bueno, escuchadme bien. - Comenzó Zero – En la entrada hay dos guardias, dos guerreros, dentro, en la sala de estar hay cuatro mas, un mago, dos picaros y un guerrero y en el piso de arriba junto a la habitación de Hom hay uno mas, un guerrero.

- Bueno, no sera complicado... - Dijo Cild con tranquilidad.

- Tampoco quiero que os confiéis Cild, estad alerta igualmente. Si fracasáis el problema va para el gremio.

- ¿Para nosotros no? - Pregunto Romeo con inocencia.

- Si fracasamos es por que estaremos muertos. - Contesto Cild de forma seca.

Romeo se quedo atónito ante tal afirmación. Realmente esto iba en serio, ahora ya no era miembro de LasterKha, que mas que un gremio era un colegio para niños mimados, estaba en el gremio de Otherland, donde sus miembros se jugaban la vida de verdad por unas monedas...

Cuando Romeo salio de su ensimismamiento Cild ya había matado a los guardias de la puerta con total sigilo. No sabia como lo había hecho y eso le incomodaba aun mas.

Cild le hacia señas con la mano “Venga” le espeto. Romeo fue hasta ella.

- ¿Como los has tumbado tu sola?

- Soy una bruja ¿recuerdas?

Acabada esta conversación sin final satisfactorio para Romeo se dispusieron a entrar. No sin antes escuchar las indicaciones de Zero.

- Nada mas entrar hay un pequeño pasillo, cruzadlo rápido, al final esta la sala de estar donde los guardias están distraídos.

Obedecieron a Zero al pie de la letra, y sigilosamente llegaron hasta la puerta de la sala de estar, que se encontraba entreabierta y podía oírse como los guardias se divertían jugando a las cartas, despreocupadamente. Cild abrió la puerta de par en par, pillando a los guardias por sorpresa, Romeo se escabullo por la derecha y con una bola de fuego mato al guerrero que tenia mas cerca y al pícaro que estaba plácidamente dormido en el sofá mas cercano. Romeo estaba celebrando su pequeña victoria cuando noto una sombra tras de el, era el otro pícaro que se había colocado a sus espaldas y ya alzaba una daga sobre su cabeza. Romeo no sabia como reaccionar pero de pronto oyó a Cild pronunciar unas palabras que no había escuchado nunca “Portae inferi dilata”, de repente noto el ambiente mucho mas cargado, la energía fluía de forma aun mas turbulenta que antes y cuando creía que iba a desmayarse por la tensión y el ambiente oyó agonizar al que debía ser su ejecutor. Romeo le miro y vio que una punta de lanza, brillante cual diamante, estaba clavada en la garganta del pícaro, pero a su vez la punta no estaba unida a un bastón sino a un látigo, y solo había una criatura en el mundo que usara ese tipo de arma tan sofisticada y letal.

Ahí estaba, amarrando el extremo del látigo, una criatura venida desde el infierno, una sucubo.

- ¡Muy bien, Henar! - Grito de jubilo Cild.

La sucubo se limito a mirar con una gesto burlón a Romeo que se encontraba agachado, mientras chasqueaba su látigo y movía las caderas con sensualidad. Se giro violentamente agitando su larga melena cuando un cono de hielo paso entre ella y Cild. El mago aun seguía en pie y ya estaba cargando otro hechizo cuando Cild grito:

- ¡Acaba con el!

Henar se limito a sonreír y volvió a lanzar su látigo atravesando la mano que mantenía alzada el mago. Este cayo al suelo, retorciéndose de dolor cuando la sucubo se acerco a el con tranquilidad.

- ¡Malditos seáis todos los brujos! ¡Y tu también, traidor!

- Tristis Ahenobarbus... - Dijo la sucubo antes de atravesarle el cuello con el afilado tacón de su bota.

Cuando el mago murió la sucubo comenzó a reír como una lunática, sin percatarse de que Cild y Romeo se acercaron a ella.

- … ¿Eso es normal? - Pregunto Romeo con nerviosismo

- ¿En ella? Si – Afirmo Cild con tranquilidad – Henar, vuelve al plano infernal.

La sucubo se giro hacia ellos al escuchar su nombre y con la misma mirada de superioridad y con aire burlon que lucia todo el tiempo dijo:

- Volo magis homines occidere.

- ¿Que ha dicho? - Pregunto Romeo sin poder dejar de mirar a sus hipnóticos y bellos ojos, afilados como cuchillos y amarillos como el de Cild.

- Ni idea – Contesto Cild encogiéndose de hombros – Hace poco que la conozco, aun no se su idioma. Solo se invocarla y poco mas.

Henar suspiro con desgana y desapareció en el mismo agujero negro, creado de la nada, por el que había venido.

- Solo queda el ultimo guardián y parece que no se ha enterado de nuestra presencia aun – Dijo Romeo intentando aparentar seguridad.

Cild se limito a sonreír y a asentir. Entonces subieron las escaleras hasta el primer piso.
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jueves, 9 de diciembre de 2010

Cap 8 - Secretos

Amanece un día mas en Otherland. Un Romeo medio dormido desciende las escaleras para encontrarse cara a cara con sus nuevos compañeros de gremio. No era lo que esperaba, había más de treinta personas comiendo como cerdos, gritando y algunos incluso bailaban sobre las mesas... ¿Tan temprano y ya borrachos?... Era una imagen muy diferente a su antiguo gremio, donde todos eran magos estirados que pasaban mas tiempo en la biblioteca que en la calle. Romeo suspiro ante tal pensamiento y termino de bajar las escaleras. Cuando puso ambos pies en el suelo del piso se hizo el silencio. Todos miraron fijamente a Romeo, eso le incomodo muchísimo, no le gustaba llamar tanto la atención. El silencio continuo hasta que la voz de Zero resonó por la sala:

- Él es Romeo, un mago de fuego, ¡el nuevo miembro de nuestro gremio!

Todos gritaron al unisono “¡Bienvenido!” mientras algunos tiraban confeti y otros pequeños conjuros de luz a modo de cohetes. Romeo tardo unos segundos en reaccionar, había pasado la mayor parte de la noche planteándose si había hecho bien en unirse, si esta gente serian malas personas, si estaría cometiendo un error... Pero al ver la bienvenida que le ofrecieron todos sus dudas se marcharon, por muy mala reputación que tuvieran ningún rumor venia de alguien que los hubiera visto de forma tan cercana. Romeo sonrío ampliamente y se sentó entre Noa y Alfa, los cuales le estaban esperando.

- ¿No te esperabas esto eh? - Dijo Alfa sonriendo. - A sido todo idea de Noa.

Romeo negó con la cabeza y después miró a Noa.

- Muchas gracias, realmente no me esperaba algo así.

La musica inundo la estancia, todos bebían y comían celebrando la llegada del nuevo miembro. No era algo usual ya que la expulsión de un miembro de un gremio no era algo común, lo normal era matarlos para evitar que desvelaran secretos del gremio. Secretos que Zero atesoraba hasta que podía darles uso. Zero era famoso por eso, nadie tenia secretos para él en Uvra, a veces ni siquiera poseía el secreto pero la gente daba por sentado que si por que era lo lógico a pensar.

Fuera, en el porche de la casa había un sofá viejo donde Anima y Jin conversaban en ese momento.

- El nuevo parece un buen chico.... - Dijo Jin sonriendo.

- Supongo - Se limito a contestar Anima.

- Tu en tu linea, mientras menos palabras mejor, ¿verdad?

Anima se limito a asentir y Jin no pudo evitar reír ante aquel gesto tan típico de Anima.

- Las palabras... - Comenzó a musitar Anima – … se pueden volver contra uno, el silencio no.

- Eso no es del todo cierto – Dijo Zero, saliendo por la puerta principal.

- Zero... - Dijo Anima.

Jin hizo una pequeña reverencia.

- Buen trabajo en tu ultima misión, Jin – Dijo Zero – Tengo otra para ti, saldrás mañana.

Jin asintió. Zero no solía felicitar a la gente por su trabajo, si no decía nada es que era bueno, si decía algo solo eran criticas pero Zero sabia que Jin trabajaba mejor si la alentaban o felicitaban cuando hacia algo bien, era tan fácil de domesticar...

Paso el resto del día sin incidentes graves, solo los típicos cuando bebían... Alguien perdía un brazo, algún mueble salia volando por la ventana, volaban medio techo... Lo normal en el gremio. Llegada la noche Romeo volvía a su habitación a descansar cuando se encontró a Anima frente a su puerta. Un escalofrío recorrió su nuca, aun que todos los demás parecieran amigables ella siempre tenia la misma expresión en el rostro y eso ponía a Romeo de los nervios...

- Zero quiere verte – Y dicho esto se marchó.

Romeo aun no se acostumbraba a este tipo de trato tan cambiante de unas personas a otras. Por un momento Romeo se pregunto si Anima era así de seria con todo el mundo o por el contrario en compañía de sus amigos era amigable y chistosa... Desecho esa imagen tan escalofriante en seguida. Una Anima risueña le daba aun más miedo que la Anima seria.

Cuando llego a la puerta de la habitación de Zero levanto el puño para picar a la puerta cuando la voz de Zero se dejo escuchar.

- Pasa, esta abierto.

A eso tampoco se acostumbraba, Zero los vigilaba día y noche sin importar donde estaban. Él lo sabia todo de todos y nadie sabia nada de él. Romeo abrió la puerta y encontró a Zero de pie, sosteniendo un libro. No podía verlo en su totalidad pero por la portada parecía un libro de la biblioteca secreta de LasterKha, pero era imposible, la biblioteca estaba fuertemente protegida y era un absoluto misterio que... Romeo cerro lo ojos un momento, era muy inocente por su parte creer que Zero no sabia de la existencia de esa biblioteca.

- Veo que has reconocido el libro – Dijo Zero extendiéndolo para que Romeo lo cogiera.

Romeo entro en la habitación y cogió el libro, realmente era un libro de LasterKha. Seguramente Anima habría ido a buscarlo.

- Jin lo trajo anoche para mi – Dijo Zero como si le hubiera leído la mente.

Se sentó en su sillón de cuero negro y espero la reacción de Romeo. Romeo le miro extrañado.

- ¿Y que quieres que haga?

- Que uses tu magia, el libro sin la magia adecuada no es mas que paginas en blanco pero con la magia adecuada se puede leer.

- No creo, ya habrán cancelado mi magia y...

- Aun no . Le interrumpió Zero – Aun hay tiempo.

Romeo no entendía las motivaciones de Zero, por lo que él sabia esos libros solo hablaban de hechizos de antiguos miembros de LasterKha, eran conjuros poderosos pero solo un miembro consagrado de LasterKha podía llevarlos a cabo... Le parecía una tontería pero no podía negarse a lo primero que su nuevo líder le pedía así que accedió. Abrió el libro por la pagina indicada y poso la mano derecha, con el anillo de LasterKha. Una brillante luz purpura manaba de la palma de la mano de Romeo y se extendía por la pagina dibujando letras por todas partes. Romeo no podía salir de su asombro pero no dejo de concentrarse. Cuando acabo, la luz purpura desapareció después de un fugaz y potente chispazo.

- A funcionado... - Dijo Romeo sin acabar de creerlo.

Zero sonrío y agarro el libro rápidamente.

- Marchate. - Ordeno seriamente.

Romeo estaba confuso pero prefirió no contradecirle y se marcho, cerrando la puerta tras de si. Bajo las escaleras y se metió en su cuarto. Entonces Jin salió de su habitación y fue al cuarto de Zero.

- Quiero que me traigas esto – Le dijo Zero señalándole una de las paginas.

- Me llevara unos días...

- Los que necesites, pero lo quiero, y lo quiero vivo.

Jin asintió y se marcho. Zero cerro el libro y lo guardo, junto con un montón de libros de LasterKha.

- Bibliotecas secretas a mi... - Dijo con todo burlón.


- ¡Buenos días! - Grito Noa al tiempo que abría la puerta del cuarto de Romeo.

- ¿Ya es de día...? - Dijo Romeo medio dormido.

- ¡Siii! ¡Arriba dormilón! ¡Hoy es el gran día! . Exclamo visiblemente emocionada.

-¿Gran día? ¿De que?

- Hoy Zero te asignara a tu pareja perfecta.

Romeo se sonrojo ante esa expresión.

- ¡¿Que?! ¡¿Quien se a creído que es Zero para buscarme novia?!

- ¿Novia?... Me refería a compañero de trabajo.

- Ah... Bueno.... Vale...

Noa sin dejar de sonreír le saco de la cama.

- Vistete y sube al tercer piso, Alfa y yo te esperamos ahí. - Y dijo esto se marcho.

Romeo miro su reloj, solo eran las cinco y media de la mañana... ¿Como podía tener tanta vitalidad a esas horas? Se desperezo, se vistió y salio de su cuarto, hacia el cuarto de Zero en el tercer piso.
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domingo, 28 de noviembre de 2010

Cap 7 - Escoria

El silencio inundaba la sala, hacia ya más de veinte minutos que Zero observaba a Romeo, sentado frente a él, en silencio. Romeo empezaba a incomodarse pero intentaba no moverse pues cada vez que hacia el menor movimiento Zero se plantaba frente a su teclado y escribía algo.

- … Esto... ¿Querías verme?

Zero le miro arqueando una ceja y dijo mientras volvía a escribir:

- Veintitrés minutos y cuarenta y dos segundos... Bastante poco...

- ¿Perdón?

- El tiempo que eres capaz de estar callado frente a mi en un primer contacto. Tienes algo más de paciencia que la media de las personas pero bastante menos que los más pacientes del gremio.

- No entiendo nada...

- No intento que lo entiendas – Dijo con una sonrisa bastante falsa.

Romeo estaba bastante incomodo pero Alfa le había avisado de que con este “líder” había que tener más paciencia de lo habitual. Pero esto ya era demasiado para él...

- Bueno, entonces ¿que quieres de mi? - Dijo Romeo serio y decidido.

- Que entres en mi gremio.

La sinceridad y claridad de las palabras de Zero dejaron perplejo a Romeo durante unos momentos.

- … ¿De verdad?... Pero... acaban de expulsarme de LasterKha... ¿No quieres saber al menos el motivo?

- Ya se el motivo, pero aun que no lo supiera me daría igual. ¿Acaso no has oído hablar de este sitio?

Romeo asintió con temor. Si había oído hablar de este sitio, con infinidad de detalles. Sabia que entre estos muros se escondían personas peligrosas, sabia que este gremio estaba gobernado por una persona impasible, fría y calculadora. Sabia que la mano derecha de ese líder impasible era una asesina aun mas fría y calculadora que su jefe. Sabia que el famoso Matadragones también estaba de su lado. Sabia que uno de los mejores arqueros del mundo habitaba entre estos muros también. Sabia muchas cosas de Otherland, por eso temía haber sido invitado... ¿Era también una mala persona? ¿Un asesino? ¿Su crimen era tan grave como para acabar aquí? ¿Se había convertido en escoria?

- ¿Entonces? ¿Quieres entrar en mi gremio o no? - Zero le miro como si supiera a ciencia cierta lo que Romeo estaba pensando.

Romeo trago saliva y asintió.

- Bien, bienvenido al equipo – Y dicho esto estrecho la mano de Romeo – Anima te explicara el funcionamiento del lugar y en unos días te designare un compañero.

Romeo se levanto.

- ¿Un compañero?... ¿Anima? - Romeo empalideció.

- ¿Me has llamado Zero? - Dijo una voz desde la puerta.

Romeo se giro y vio a Anima. Una de las figuras más temidas de la noche de Uvra estaba ante él, el cuerpo no le reaccionaba.

- Si, este es el nuevo. Se llama Romeo, es un mago.

- Si, ya lo se – Dijo Anima mirando de arriba a abajo al nuevo – No parece gran cosa... Como sus compañeros...

Romeo enmudeció, ¿estaba insinuando que había matado a otros magos? ¿Seria un farol? ¿Estaría Romeo viendo fantasmas donde no los había?

- ¿Vamos o que? - Dijo Anima con desden mirando a Romeo.

Romeo se limito a asentir y salir de la habitación con Anima.

Zero volvió a su teclado.

- Bueno... Ahora a buscar a alguien que tenga paciencia media o superior... Con un inferior no puedo ponerle, no tiene dotes de iniciativa... - Dijo para si mientras tecleaba como siempre.


Anima bajo las escaleras acompañada de Romeo, abajo en el primer piso esperaban Alfa y Noa.

- ¿Que tal ha ido? - Pregunto Noa con nerviosismo.

- ¿A que no a sido tan malo? - Dijo Alfa con una sonrisa maliciosa.

Romeo se limito a sonreír, al menos ellos parecían buenas personas.

El día paso sin mas incidentes, Anima enseño a Romeo lo básico sobre el gremio, su habitación y algunos detalles importantes a tener en cuenta, acompañada en todo momento por Noa y Alfa, los cuales también le contaban detalles más triviales a Romeo para hacerle sonreír ya que nadie bajaba contento de su primera conversación con Zero.

Ya desaparecido el sol del cielo Romeo se fue a su habitación, y al poco tiempo de irse otra de las figuras más temibles de la noche de Uvra entro por la puerta. Era una persona alta ataviada con una gran capa con capucha de color marrón oscuro, de la cual escapaban por delante algunos mechones largos y rubios como los rayos del sol.

- Bienvenida a casa, Jin – Dijo Noa con su característica alegría.

A su vez Jin dejaba ver su rostro, retirando su capucha. Sus ojos azules como el cielo se entornaron en una expresión de felicidad cuando devolviéndole la sonrisa a Noa contesto:

- Gracias, me alegro de haber vuelto al fin.
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Cap 6 - Mago

Cuando llegaron al puerto los magos aun seguían riéndose y ahogando a esa persona sin ningún miramiento ni compasión. Alfa y Noa se acercaron sigilosamente hasta llegar a unos barriles que habían justo detrás de los magos.

- Son demasiados... - Pensó Alfa al verlos. No tenían pinta de ser magos muy poderosos, mas bien parecían un puñado de novatos haciendo el tonto pero nunca había que menospreciar a un mago.

Noa por su parte se veía notablemente incomoda, los magos la ponían nerviosa y no era para menos.

- Noa, relajate... - Le susurro la voz de Zero desde el transmisor.

La voz de Zero siempre la tranquilizaba y le infundía valor, sabia que Zero siempre estaba ahí velando por ellos en todo momento.

- Escuchadme bien los dos, he estado investigando y por sus túnicas son magos del gremio de LasterKha, y no son famosos por su amabilidad, Alfa tienes carta blanca para hacer lo que sea pero daros prisa, el “juguete” ya apenas se mueve...

Cuando Zero dijo esto Noa se sobresalto, miro al agua de nuevo donde el agua estaba agitada y no pudo controlar su impulso.

- ¡¡Parad por favor!! - Grito saliendo de su escondite.

Los hombres encapuchados se giraron hacia ella, incluso el que manejaba el agua paro dejando tendido en el aire a la pobre victima. Alfa se quedo atónito ante este imprevisto, adiós a el ataque sorpresa.

- ¡Noa! ¿Pero que haces? ¡Vete de ahí! - Le grito Zero.

Al escucharle Noa se dio cuenta de su error pero antes de poder reaccionar una bola de fuego volaba hacia ella.

- ¡Noa! - Grito Alfa, acto seguido se interpuso entre ella y la bola, sufriendo graves quemaduras.

- ¡Alfa! - Noa se arrodillo a su lado.

Los magos rodearon a una Noa aterrorizada y un Alfa semi inconsciente.



- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Anima! ¡Ve rápido! - Grito Zero notablemente alterado.

Anima salio corriendo sin decir ni una palabra. Zero se recostó en su silla si poder dejar de mirar la pantalla, si Anima no se daba prisa Noa y Alfa morirían a manos de esos magos.

- No debí enviarles a ellos... - Se lamento mientras se revolvía el cabello de la nuca intentando calmarse.



Noa se abrazo a Alfa con los ojos inundados en lagrimas mientras los magos se acercaban mas y mas.

- ¿No sabéis que no hay que meterse en los asuntos de LasterKha? Odio a los de Otherland, os creéis el ombligo del mundo, ¿verdad? Pues ya no – Dijo uno de los encapuchados con una sonrisa que reflejaba toda la crueldad de un gremio entero.

Noa se limito a observarle en silencio, sabia que ella nada podía hacer, su magia no era ofensiva y aun que intentara curar a Alfa no le dejarían. Los magos se alejaron unos cuantos pasos menos el que parecía el cabecilla, el único que había hablado y el único que estaba torturando a quien habían venido a salvar. Entonces alzo los brazos dispuesto a lanzar un hechizo que con toda seguridad los mataría de un golpe. Las lagrimas de Noa comenzaron a deslizarse por sus mejillas, su cuerpo solo podía temblar así que se limito a mirar a Alfa, que a causa de sus heridas yacía inconsciente hacia unos minutos. Noa podía escuchar como aquel despreciable ser que se hacia llamar mago murmuraba las palabras del conjuro. Pero en contra de todo pronostico Noa se levanto. Se planto frente a su enemigo, bastón en mano y mirada decidida. Zero se limito a contemplar la escena en silencio. El mago miro a Noa, incrédulo pero prosiguió su conjuración cuando de repente Noa murmuro algo a gran velocidad y de repente la punta de su bastón lanzo una onda mágica que lanzo al mago hacia atrás varios metros, casi cae al agua.

- Interesante... - Murmuro Zero.

Noa cayo sentada al suelo, visiblemente agotada, nunca había hecho algo así. Estaba entre sorprendida y asustada. El mago se levanto rápidamente, sin ninguna herida, al fin y al cabo solo fue una onda, pero aun así le había tumbado una cría indefensa, estaba colérico por ello. Se acerco hacia la joven, acompañado por sus colegas, con la clara intención de vengarse pero de repente unas llamas que aparecieron de la nada les rodearon.

- … Por... por fin... - Dijo una voz tras de ellos.

Era la persona que estaba siendo ahogada, un mago igual que ellos. Estaba totalmente empapado, salvo sus manos con las que controlaba el fuego. Noa se quedo mirando el espectáculo que las llamas ofrecían, un grupo de magos supuestamente poderosos gritando como niñas e intentando escapar del fuego. El mago de fuego movió las manos mas rápidamente, formando un único camino a seguir con las llamas y obligo a los otros magos a marcharse de allí, siguiendo ese camino.

Noa se quedo mirando a ese mago, llevaba las mismas túnicas que sus agresores... ¿Seria un marginado como ellos? Estaba segura que si, y que esa era la razón por la que Zero les había mandado a buscarlo.

- ¿Hola? - Dijo el mago que ya se había arrodillado frente a ella - ¿Estas bien?

- Hola... Si... ¿Y tu?

- Ahora mejor... ¿Que tal tu amigo?

¡Alfa! ¡Con todo el alboroto se había olvidado de el! Noa se giro rápidamente y fue hasta el. Invoco un hechizo para las quemaduras y le dio una poción. A los pocos segundos Alfa recupero el sentido.

- … ¿Estas bien Noa?... - Susurro.

- Si... Muy bien...

- ¿Y a quien hemos venido a salvar?

- También estoy bien, gracias por preguntar – Dijo sonriendo el joven mago mientras se agachaba al lado de Noa – Tus poderes de curación son realmente buenos... esto...

El joven de ojos castaños y larga melena también castaña recogida en una coleta se quedo mirando a Noa esperando. Noa sonrió levemente y dijo.

- Me llamo Noa, y el es Alfa.

- Encantado de conoceros a ambos, me habéis salvado la vida. Mi nombre es Romeo.

Alfa se incorporo.

- ¿Y como es posible que te doblegaran siendo tan poderoso? - Pregunto Noa con curiosidad.

- Veréis, es que yo soy un mago elemental, dedicado al fuego. Si estoy totalmente mojado el fuego no puede fluir por mi cuerpo y no puedo hacerlo surgir, ademas que si apenas tienes tiempo para respirar no puedes ponerte a conjurar – Esto ultimo lo dijo sonriendo.

- Bueno, sera mejor que volvamos a casa. Hay alguien que quiere conocerte, Romeo. En verdad ya debe conocerte... - Y dicho esto se puso en pie.

Noa se limito a reír y Romeo a poner cara de no comprender nada. Los tres pusieron rumbo a Otherland.

Por otra parte, en una calle no muy lejana...

- No sois tan poderosos cuando os desangran por el cuello como cerdos... - Dijo Anima sentada en uno de los cadáveres de los magos mientras limpiaba su daga con la túnica de su victima.

Como era costumbre, se deshizo de los cuerpos tirándolos al mar con piedras atadas pero no sin antes dejarles su propia marca grabada con su daga. Una vez acabado su trabajo volvió a casa.

Zero se limito a observar una vez mas el trabajo impecable de Anima, en silencio.
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domingo, 10 de octubre de 2010

Cap 1 - Volver

Amanece en Uvra, el sol baña todas las calles de la ciudad, incluso las mas escondidas. La luz llega a la calle más alejada del centro, la calle de Otherland. Incluso penetra entre las persianas ajadas de las ventanas abiertas. El silencio inunda la casa, todo el mundo duerme, nadie vigila ya que nadie se atreve a atacar un gremio semejante.

Todo el mundo duerme plácidamente menos en el tercer piso, donde Zero ya esta trabajando, nadie sabe si duerme o se mantiene despierto siempre a base de pociones de cafeína. Zero esta frente a su ordenador y rodeado de pantallas encendidas que alumbras la habitación, como de costumbre. De repente deja de teclear, bebe un sorbo de su taza de chocolate y vuelve al trabajo.

- Anima se que estas detrás de la puerta, si quieres algo entra sino deberías meterte en la cama que estarás cansada.

- ¿Como has sabido que estaba? He desconectado la cámara del pasillo... - Dijo la joven que entro en la sala.

- Pero no has desconectado la cámara que hay oculta sobre la cámara grande.

- ¡¿Has instalado otra cámara más?! - Dijo asomando la cabeza fuera para verla - ¿Y eso?

- Por que te conozco demasiado bien...

La chica le miro y suspiro. Realmente Zero la conocía muy bien, bueno, Zero conocía bien a todos los miembros. Todos estaban registrados en su base de datos, desde peso y altura hasta cosas tan insignificantes como las vueltas que les daban al café con la cucharilla. Nada se escapaba de su red de cámaras instaladas por toda la ciudad.

- Cada día me sorprendes más... - Dijo Anima pasándose la mano por su cabello negro como el ébano para retirarse el flequillo que le cubría casi todo el rostro.

- Puesto que me conoces desde hace diez años debes mantener una sensación de sorpresa gigantesca, ¿no es así?

- No, por que mi sorpresa se contrarresta con el hecho de que me sacas de quicio a menudo. - Dicho esto se coloco a su lado mirando la pantalla – ¿Y bien? Han conseguido Alfa y Noa aquello?

- Si, incluso tardaron menos de lo calculado. - Saca la caja de un cajón cercano y se la entrega – Te vas a sorprender, ese amuleto no es solo una baratija en apariencia... Es una de las dos piezas que abren la biblioteca de Noss.

- ¿Una de las llaves? ¿Estas seguro? ¿No se suponía que ese amuleto era parte del mapa tan solo? ¿Y que hacían unos bandidos de tres al cuarto con algo semejante?

- Ni lo se ni mi importa, lo único que me interesa es que cada vez estamos mas cerca.

Zero se levanto y fue hacia una de las paredes donde colgaba una gran cortina negra, la corrió y dejo ver un gran mapa hecho a base de pedazos de papel y objetos, los cuales encajaban perfectamente sus dibujos.

- Nadie diría hace diez años que hoy estaríamos donde estamos, ¿verdad? - Comento la chica mirando el mapa – Hace diez años solo teníamos este pedazo tan pequeño – Dijo posando los dedos sobre el trozo mas pequeño del mapa y sonrío.

Zero miro a Anima a través del cristal de sus gafas, habían cambiado mucho desde que encontraron ese pedazo de papel entre las pertenencias de un vagabundo muerto en el puerto. Esa chiquilla de largo cabello negro y ojos pardos había dejado paso a una hermosa mujer, a sus ojos, capaz de valerse por si misma y de matar a un hombre que la doblará en tamaño en menos de un minuto. El arte de la picaresca era complicado pero Anima lo domino de forma autodidacta en menos tiempo del esperado, los venenos y el dominio de espadas gemelas no guardaban secretos para ella ya que la necesidad por sobrevivir apremiaba en aquella época.

- Bueno, voy a dormir. Esta ultima misión me ha dejado exhausta. - Camina hacia la puerta – Cuando despierte te explicaré con detalle los gastos y movimientos de la operación. Hasta luego.

Zero no dijo nada, se quedo mirando la puerta que, como siempre, Anima había dejado abierta. Fue hasta ella y la cerró.

- Luego arreglaré la cámara – Pensó para si.

Pasado el mediodía la vida volvía a Otherland, los continuos excesos que tenían los miembros del gremio solo era una forma patética de ocultar su pena por su pasado. Pero no todos eran así, Noa madrugaba todos los días, limpiaba la sala y después con su dulzura despertaba uno por uno a los más de cuarenta miembros aun que ninguno se levantaba hasta pasado el mediodía.

Realmente cada uno vivía la vida como quería, solo se reunían todos a la noche para beber y celebrar misiones exitosas, pero a Noa no le importaba eso, creía que despertar de forma agradable era ideal para comenzar bien el día.

Una vez acabada su ronda, la cual nunca incluía a Zero, fue a la calle para barrer la entrada. El sol se reflejaba en su cabello pelirrojo que hacía que aun brillara más claro de lo normal. Cuando acabo, como cada día se sentó en la escalera esperando escuchar los pasos de alguien que se acabará de levantar y tuviera hambre.

- Buenos días Noa – Dijo una voz a sus espaldas.

Noa se giro rápidamente, no había escuchado a nadie, ni siquiera la puerta. Era Anima, tan silenciosa como siempre.

- Hola Anima, no hagas eso, sabes que me pone nerviosa... - Dijo Noa aun un poco asustada.

No es que desconfiara de Anima pero todo el mundo en el gremio sabia que Anima era la encargada en matar a los desertores o traidores del gremio. No tenia ningún pudor en matar a cualquiera que Zero le pidiera, incluso si es algún amigo de años. Su presencia incomodaba a todos por eso pasaba más tiempo fuera haciendo misiones, o eso pensaban todos por que realmente nadie podía saber si estaba fuera o no.

- Lo siento – Dijo Anima con una sonrisa - ¿Puedo sentarme a tu lado?

Noa asintió con la cabeza y Anima tomo asiento.

- Que bueno es estar en casa otra vez... Echaba de menos estas vistas a las montañas...

Noa se limito a mirar el paisaje y sonreír.

- Zero me dijo que vuestra misión fue un éxito y que lo hicisteis antes de tiempo y todo, enhorabuena.

- Gracias, no fue muy complicado gracias a las indicaciones de Zero, como siempre. Es como un ángel de la guarda – Dijo riendo suavemente.

- Si yo tuviera al gigante de Alfa como compañero también diría que las misiones son fáciles – Dijo sonriendo.

Acabada esa pequeña conversación contemplaron el paisaje unos minutos más hasta que comenzaron a escuchar los ruidos típicos de sus compañeros recién levantados. Noa se puso en pie y volvió hacia dentro.

- No vienes a desayunar?

- No, yo tengo que hablar con Zero de unos asuntos – Dijo mientras se levantaba y adelantaba a Noa.

Noa fue hacia la cocina y Anima subió las escaleras, todos se apartaban a su paso. Como siempre que la veían venir.


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Cap 0 - Hogar

Hacia mucho frío esa noche, pero claro en Uvra siempre hacia frío al ponerse el sol. Uvra era una ciudad costera, situada al noroeste de Gea, nombre dado al único continente del mundo. Eran altas horas de la madrugada y solo se oía el ruido de las olas chocando contra el puerto, gritos y musica procedentes de los burdeles que aun permanecían abiertos y las rápidas pisadas de unas botas seguidas por muchas otras.


Noa corría todo lo rápido que sus piernas le permitían pero el cansancio comenzaba a ser inaguantable. Su paso disminuía y sus jadeos aumentaban, cada vez estaban más y más cerca de Noa. Mientras corría ya con una expresión de desesperación en el rostro una voz sonó por el transmisor de su oreja.

- Casi estas Noa, al siguiente callejón gira. - Aun que no podía verla, ella afirmo con la cabeza.

Un ultimo soplo de energía hizo que agarrara con fuerzas su falda gris y diera un ultimo sprint en dirección al callejón. Sus captores simplemente sonrieron al ver próximo el fin de la persecución pero al doblar la esquina no se encontraron como creían a la joven de mirada triste exhausta arrinconada contra el final del callejón sino que se encontraron frente un guerrero ataviado con su armadura negra y su mandoble en alto esperándoles.

- No tiene que quedar supervivientes Alfa – Susurró la voz esta vez por el transmisor del guerrero.

El guerrero suspiro pesadamente ante las decepcionantes miradas de terror de los que se hallaban frente a él. Los perseguidores estaban tan aterrados ante la figura del imponente guerrero que sus cuerpos no les respondieron ni cuando el guerrero bajo su arma y los atravesó por completo.

Pasados unos segundos la joven salio de su escondite y se acerco al guerrero.

- No te han hecho nada verdad? - Dijo preocupada.

El guerrero la miro y con una leve sonrisa contestó:

- No, tranquila. Sabes que nunca me hacen nada. - Dicho esto el guerrero se agacho frente a los cuerpos sin vida y rebuscó entre sus pertenencias hasta hallar lo que buscaba.

- Lo has encontrado? - Dijo la pequeña con voz esperanzada al ver que el guerrero se erguía de nuevo.

Sin siquiera mirarla, Alfa asintió, paso frente a los cadáveres y comenzó a caminar por la calle principal. Noa se apresuro en seguirle, pero le costo un poco más pasar entre los cadáveres de quien estaba vivo hace apenas unos minutos.

Cruzaron la desierta calle hasta llegar al cruce donde tomaron una de las callejuelas sin asfaltar. Caminaron durante largos minutos hasta llegar a una casa en ruinas alejada del centro de la ciudad, donde las calles son mas amplias pero no están asfaltadas y las tiendas o tabernas se hallan más bien lejos. La casa era enorme, de tres pisos de altura pero a pesar de su estado exterior las luces salían por las ventanas acompañadas de voces y musica, en ocasiones parecía un burdel cualquiera pero todo el mundo sabia que aquella casa, la llamada “Otherland”, no era lo que parecía ser. Otherland albergaba a los denominados “marginados”, los cuales recibían ese nombre al ser expulsados de sus gremios originales. Los gremios normalmente se dividen en clases, magos de diferentes clases, picaros, guerreros, alquimistas y demás, pero Otherland los reunía a todos bajo una misma bandera e ideal, sobrevivir.

Al aproximarse a Otherland y oír las voces y la musica Noa bajo su capucha, se levanto un poco la falda gris dejando ver sus viejas botas marrones y corrió alegremente hacia la casa. Subió los tres escalones en dos saltos y se planto frente la puerta, esperando a Alfa.

- Date prisa, Zero estará impaciente por vernos!

Alfa miro con pesadez a Noa mientras subía los escalones.

- Zero SIEMPRE esta impaciente, incluso cuando duerme.

Noa sonrío y dejo escapar una leve risa mientras Alfa picaba a la puerta. Una voz sonó a sus espaldas de forma siniestra:

- Quien va?

- Somos nosotros... ¿como era...? ah, si. “Abrete sesamo!”

Noa no pudo esconder esta vez su risa ante la mirada risueña de Alfa.

- ¿Te crees muy gracioso Alfa?- Dijo la voz de forma tosca.

- Si sabes quien soy no se para que me preguntas la contraseña... - Dijo Alfa intentando excusarse por la broma.

- Son las normas, y lo sabes.

- Era “el mensaje a sido entregado” -Dijo Noa sonriendo a la puerta, ya que no sabia de donde procedía la voz.

La puerta se abrió después de oírse un suspiro.

La luz que escapaba por las ventanas no podía ni compararse con la luz que había dentro de la casa, las lamparas de fuego creadas por los magos elementales eran enormes y si solo una podría alumbrar toda la sala las siete que habían colocadas podrían alumbrar toda la calle. Cuando entraron a la casa la puerta se cerro sola a sus espaldas.

- Odio que hagan eso... - Murmuro Alfa.

Por dentro Otherland era totalmente diferente a su exterior, el salón era enorme, de madera bien cuidada con muebles también bien cuidados. Las paredes estaban adornadas con cuadros, la mayoría de miembros del gremio que hacia tiempo que estaban muertos menos la pared del fondo, en ella habían colgados los carteles de se buscan de criminales e incluso a veces de los miembros del gremio. Pasaron atravesando la sala y esquivando a la gente, prácticamente nadie se percato de su llegada. Llegaron a las escaleras que llevaban al primer piso, eran de madera noble oscura. Al llegar al primer piso algunos estaban dormidos por el suelo, uno de los inconvenientes de beber el alcohol que fabricaban los alquimistas era que en exceso perdías la memoria temporalmente y la pereza les animaba a que dejaran de buscar sus habitaciones tontamente. Esquivando a sus compañeros borrachos como podían llegaron a la escalera que llevaba al segundo piso, donde se hallaban seguramente las habitaciones de los desmemoriados del primer piso. Al subir la joven dejo su capa verde oscuro en uno de los percheros que habían junto a las escaleras, continuaron caminando hasta llegar a las escaleras del tercer piso.

- Zero estará contento con nosotros- Dijo Noa felizmente.
- Lo dudo mucho... Ese tipo nunca esta contento con nada... - Contesto Alfa a regañadientes.

El tercer piso no era como los dos anteriores, frente a las escaleras solo había un pasillo estrecho que dirigía a una única puerta. El pasillo era oscuro y sin decoración alguna, al fondo podía verse como la luz se escapaba por debajo de la puerta.

Alfa se adelanto a Noa con paso decidido hacia la puerta, ella se limito a seguirle en silencio. Mientras caminaban hacia la puerta Noa solo podía ver la espalda del gran guerrero que ocupaba todo el pasillo. Su larga melena castaña le llegaba hasta la mitad de la espalda y se movía acompasada con el movimiento del cuerpo. Una vez frente a la puerta el guerrero golpeo con delicadeza tres veces, como siempre hacia.

- Adelante – Dijo una voz procedente del interior.

Alfa y Noa entraron en la habitación. Era enorme, casi tan grande como el salón de la planta baja pero llena de ordenadores, pantallas y cables por todas partes, y en medio de todo aquel caos informático había una persona sentada en un gran sillón de cuero viejo.

- Habéis llegado unos minutos antes de lo calculado, vuestros pasos han sido más veloces que de costumbre. ¿Algún motivo?

Dicho esto se recostó de nuevo en el sillón mirando con indiferencia pero de forma fija a los recién llegados a través de sus gafas con sus ojos finos y afilados de color castaño.

- ¿Y bien? - Dijo en un tono más alto esperando una respuesta convincente.

Noa y Alfa intercambiaron miradas, unos segundos pasaron hasta que Alfa entreabrió los labios y dijo:

- Pues no lo se, hemos venido a la velocidad de siempre, nos habremos vueltos más rápidos... - Dijo intentando satisfacer la curiosidad de su interlocutor.

Zero arqueo una ceja, miro a ambos durante unos cuantos segundos, segundos que fueron eternos, sonrío y asintió.

- Habrá sido eso, lo añadiré a vuestras estadísticas. - Se giró y comenzó a teclear.

Alfa y Noa intercambiaron miradas unos instantes.

- Esto... Zero... - Musitó Noa tímidamente.

- Si? - Preguntó Zero sin dejar de teclear.

- Hemos traído lo que pediste – Dijo Alfa perdiendo un poco la paciencia.

Zero dejo de teclear en seco, se giro hacia ellos de nuevo alargando la mano. Alfa mantuvo la mirada fija en Zero esperando que dijera algo, pero al no obtener respuesta simplemente saco de su bolsa la caja que le habían quitado a los tipos de antes. Alargo la mano y se la entrego.

- Perfecto, ya podéis marcharos. - Dijo Zero al tener la caja en sus manos, se dio la vuelta y siguió a lo suyo.- Cerrad la puerta al salir, ya sabéis que odio las puertas abiertas.

Noa asintió y corrió al lado de Alfa que ya había salido de la habitación, cerró la puerta con delicadeza y volvieron a la planta baja, con sus compañeros.
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